Ha sido una decisión díficil, con mis 30 y tantos años las aventuras sexuales de Ahmed han sido numerosas... Aunque unas buenas y otras no tanto, todas tienen en común la búsqueda del placer carnal personal...
He decidido empezar con Esperanza; esa mujer nicaragüense de 38 años (aún no olvido su edad) que me inició en los caminos del sexo por dinero a la tierna edad de 19 años. Yo estudiaba administración de empresas en San José y cerca de los edificios de la corte había una pequeña casa esquinera que funcionaba como sala de masajes.
Tenía un tiempo sin suerte en el amor (en esos tiempos aún creía en eso) y un día decidí pasar después de clases a recibir mi masajito para aliviar el estrés en los hombros y entre las piernas... Adentro, dos mujeres me recibieron y me explicaron como funcionaba el lugar; una chica joven que no recuerdo y una mulata de unos 35 años y con unos senos que practicamente se salían de la blusa que llevaba.
Me fui con la mulata, obviamente, a un pequeño cuarto donde solamente había una mesa para masajes, una lámpara en el suelo, un pequeño radio (también en el suelo) y la mesita de noche con los materiales de trabajo. Ella cerró la puerta después de entrar y me pidió que me quitara la ropa, ni siquiera clavos para el pantalón y camisa había.
Al preguntarme cómo quería el masaje y ver mi mirada de perro perdido, dedujo que era mi primer vez en un establecimiento de ese tipo; me pidió que me acostara boca abajo y que ella me trataría bien.
Cuando se paró junto a mi, estaba desnuda; sus zapatos y ropa yacían amontonados en una esquina. Me dijo que podía acariciarla y para cuando sentí sus manos llenas de aceite masajear mi espalda y hombros, ya mi mano recorría sus tetas, su vagina y de nuevo sus tetas.
Para el momento en que bajó a mis piernas y empezó a acariciarlas de arriba a abajo, mi picha ya estaba completamente aplastada contra la cama y con deseos de salir a saludar a la compañía femenina. Sus manos subían desde mis tobillos hasta las nalgas y cuidadosamente acariciaban la parte interior del muslo, era solamente un pequeño roze a mis testículos pero los tenía a punto de explotar...
Me pidió que me diera vuelta y continuó su masaje en mis piernas mientras poco a poco iba acariciando mi ya completamente erecto pene; acercó su cara y su lengua húmeda recorrió y acarició mi miembro al punto que pensé que ahí mismo iba a venirme. Ella se dio cuenta que yo estaba con la leche casi afuera y tomó un condón de la mesita de noche y me lo puso. Subió a la mesa y comenzó a cabalgarme mientras me pedía picha y que le diera leche... No pude resistir mucho y rápidamente me vine...
Esa sería solamente la primer vez que disfrutaba los placeres que Esperanza me proporcionaba pero como dicen, eso es historia para otro día...


